lunes, 10 de noviembre de 2014

Entrevista



El pintor mexicano, Miguel Castro Leñero, con una trayectoria de un poco más de 30 años, nos recibió en su estudio para contarnos sobre su carrera, la evolución que ha tenido su obra y su reciente participación en la galería Ethra, en la exposición “Yo También”.

¿Cómo se ha desarrollado tu trabajo?
Ha habido un desarrollo gradual de mi trabajo, ideas y visión, inclusive de mi pintura. Mi trabajo más contemporáneo, de diez años a la fecha, es un intento por construir escenarios personales basados en códigos o formas preexistentes. Vivimos en un mundo lleno de información visual, cuando caminas en la ciudad ves formas, anuncios, letreros, señalizaciones e imágenes de diferente índole. Parte de mi trabajo ha sido recoger esto, que muchas veces pasa desapercibido, para crear un inventario, un banco de formas que  no son mías, pero que tienen un sentido importante para mí. A través de ese banco de información, construyo imágenes propias, las llamo contraimágenes. Es decir, las deconstruyo y las vuelvo a construir de una manera personal, con un sentido particular, y adquieren otra dimensión. Me gusta esa capacidad humana de construir símbolos. Mi trabajo está vinculado a eso.
¿Cómo fue tu acercamiento al mundo del arte?
Mi abuela fue pintora, le gustaba mucho la pintura y el dibujo. Mi padre, que no tenía ninguna actividad artística, fue una persona muy interesada en los museos, la pintura y en la fotografía. Mis hermanos también son pintores. A nivel familiar, había mucha genética, por decirlo así, que me llamaba al mundo de la pintura. En lo personal, es un gusto y una afinidad tremenda por la pintura, siempre me motivó y me sentí cómodo. No me costó trabajo dedicarme a lo que hago.
¿Cómo empezaste a pintar?
Antes de entrar a La Esmeralda, estuve en un taller libre que da la misma escuela, para mí fue muy importante. Ahí me seleccionaron para pasar automáticamente a la carrera, que la sentí pobre en relación a lo que había aprendido. No la terminé, puse un taller personal con mis hermanos y me dediqué a trabajar de una manera autónoma.
¿Por qué escogiste pintura y no otra expresión artística?
La pintura me motiva mucho y me ayudó a construirme personalmente. Es un lenguaje extremadamente rico, complejo y difícil. Implica mucha disciplina, cierto rigor, me obligó a trabajar mucho; parte de mi juventud la dediqué íntegramente a pintar, en ese sentido mantuve una disciplina muy fuerte. He tenido la suerte de tener una línea, trabajar 30 años sobre algo.


¿De dónde viene tu inspiración?
Me inspira esa capacidad humana para construir símbolos. Los humanos somos constructores de símbolos, toda nuestra historia ha existido esa constante. Tengo una fascinación por resumir, construir ideas, es una tarea sencilla, pero al mismo tiempo muy compleja. También me inspira la ciudad, constantemente vemos esa clase de símbolos, de formas nuevas. Me nutre esa imaginería en la que vivimos, estamos rodeados de imágenes que son, en muchos casos, muy superficiales pero tienen un sentido. Tomo esas imágenes y las convierto en contraimágenes, que hablan de otra manera con los mismos recursos. En términos generales, no invento nada, soy un poco como un DJ que toma partes y ensambla una obra personal. Tal vez la diferencia es que el DJ toma partes de una obra ya hecha, de artistas. En mi caso, son imágenes neutras que no aspiran a tener una realidad artística.
¿Nos puedes hablar de las obras que están en Ethra?
Parte de mi trabajo lo he dirigido al tema de la casa. Hace diez años empecé a trabajar en eso, como una manera de cuestionamiento personal, de mi relación familiar, quién soy, cómo me muevo, todo lo que implica ser uno mismo. Me interesó mucho el símbolo de la casa, utilicé la imagen más elemental y empecé a deconstruirla. Este tema me parece inagotable, siempre está vigente, pues nos estamos construyendo todo el tiempo, nunca acabamos de conocernos y visualmente se presta a muchas ideas interesantes. Es muy recurrente en mí y todavía tiene muchas posibilidades. Lo que ahora está en Ethra es una manera de cuestionar, no sólo la identidad personal, sino la identidad donde nos movemos, la posibilidad de construirnos, deconstruirnos y sentirnos cómodos.
¿Cómo ves la exposición “Yo También”?
Me parece muy interesante dentro del discurso galerístico, intenta dar una lectura a la pintura contemporánea en México, con base en un concurso que ya tiene mucho tiempo, la Bienal de Pintura Rufino Tamayo tiene mucha presencia en México y ha aglutinado a artistas muy interesantes. Revalora ese aspecto de la bienal, le da continuidad a ciertos artistas que han ganado el premio, porque a veces se tiende a olvidar eso. Se hacen concursos en México, pasan y se vuelven polvo. La exposición la da sentido a una estructura que ayuda a construir artistas.
¿Cómo crees que debe ayudar una galería al artista?
Es una necesidad de irse construyendo juntos, no sólo el artista o las galerías aparte, es un proyecto colectivo. Necesitamos construirnos con la ayuda de todos, que fue lo que me pareció muy interesante en la galería, porque a veces uno está muy acostumbrado a trabajar con las galerías como: dame tus cuadros y cuando termine, recógelos, si se vendieron muy bien y si no, también. Lo mismo sucede con otras galerías jóvenes, me parece interesante, es una necesidad de unir esfuerzos, el artista es parte de un proyecto y la galería también, trabajan juntos y se requieren. Es muy estimulante porque creces como artista y la galería lo hace junto con el artista.



¿Cómo ves el panorama de la pintura en México?
Hay artistas que podemos tener un lenguaje más sólido del que tenemos y hay un compromiso con la pintura, gente interesada en que se construyan esas obras. Estamos en un momento muy bueno, un momento social difícil, pero un momento muy propicio e interesante. Por ejemplo, el arte conceptual, contrario a lo que se piensa, ha ayudado mucho a la pintura, a ser más reflexiva, entenderse más, tener visiones más claras.
¿Cómo crees que la pintura convive con los medios nuevos?
No veo ningún problema, son lenguajes. A veces es un mito que pintar no puede coexistir con otros medios contemporáneos, pero la pintura también es contemporánea.
¿Qué sigue para ti?
Me interesa crear obras mucho más personales, más fuertes, desarrollarme de una manera más vital, que mi trabajo adquiera mayor profundidad, dar mucho más de lo que he dado. Siento que a la pintura contemporánea en México le pasa eso, todavía no da lo que puede dar, está en ese transcurso, de construir una obra muy sólida. La pintura tarda mucho, no es un lenguaje rápido, se desarrolla en el tiempo y con mucho esfuerzo. Siento que ahora es un tiempo para producir obras sólidas, y también con la ayuda de las galerías, el artista necesita construirse con la ayuda de otras personas, medios y ámbitos.

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